Cómo el COVID-19 ha cambiado el empleo

Después de dos semanas de confinamiento no te quiero hablar más del COVID, de los contagiados, de los policías de balcón, de las mascarillas o del papel higiénico. Te voy a hablar de trabajo, que al fin y al cabo es de lo que sé, y de cómo ha cambiado en las últimas semanas.

Como en todas las crisis, dentro de toda la mierda se pueden sacar cosas positivas y aquí vamos a analizarlas.

El teletrabajo

Cualquiera que me conozca sabe que soy una firme defensora del teletrabajo y lo cierto es que esta crisis nos ha empujado a él, puesto que la alternativa era no trabajar y eso si que no convence.

Las ventajas del teletrabajo son muchas. Mas tiempo libre y menor gasto en transporte al no tener que trasladarnos al centro de trabajo, además probablemente al estar en casa tampoco nos importe tanto meter alguna hora extra si vamos justos de tiempo. Menos tráfico en las ciudades y por tanto menos contaminación. Menos gasto en infraestructura del centro de trabajo, especialmente si pensamos que teniendo empleados con discapacidad hay que adaptar el puesto. Aunque lo voy a tratar en el próximo punto, también incluir como ventaja que favorece la conciliación.

Este virus ha acelerado unos años la integración del teletrabajo como algo normal, el tener que confiar en el empleado y trabajar por objetivos/proyectos en lugar de por horas.

Todavía no podemos saber lo que va pasar cuando todo vuelva a la normalidad pero por lo menos se ha demostrado que trabajos que «no podían ser hechos desde casa» sí se pueden hacer y creo que tener esa evidencia nos da una ventaja para pedir flexibilidad en ese sentido.

La conciliación

Obligado por el cierre de los colegios y propiciado por el teletrabajo mucha gente, por fin, ha conseguido conciliar trabajo y familia. ¿De verdad tenía que pasar esto para que fuese posible?

Es cierto que ya existen mecanismos que ayudan a la conciliación, como la reducción de jornada, pero tampoco me parece algo que verdaderamente permita la conciliación. Me explico, permite que la persona que la pide pueda seguir trabajando y yendo a recoger a sus hijos al colegio, pero no creo que permita que esa persona se desarrolle profesionalmente, llegue a un puesto de responsabilidad. Admitámoslo, un puesto de responsabilidad exige disponibilidad y es algo imposible con la reducción de jornada.

De cara a la vuelta a la normalidad, propiciado por el teletrabajo, puede que alguien que quiera desarrollarse de forma personal y profesional haga una parte de su jornada de forma presencial y otra de forma telemática. Estando disponible para cualquier cuestión que requiera su puesto.

Soy consciente de que a pesar de la aceleración de la situación gracias al virus queda mucho por hacer, sobre todo a nivel de concienciación de los empleadores, que son quienes tienen la última palabra. Con lo que quiero que te quedes hoy es con que ahora tenemos evidencia de que se puede.

Cuéntame, según tu situación ¿cómo ha cambiado para ti el empleo?

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